El currículum perfecto
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
Bernardo Salinas llevaba tres semanas perfeccionando su currículum y ya había llegado a la conclusión de que era una obra maestra. No porque tuviera mucha experiencia —tenía poca—, sino porque había aprendido que con las palabras adecuadas, cualquier cosa sonaba impresionante. Cajero de supermercado se convertía en «gestor de transacciones comerciales». Haber cuidado al perro de su vecina durante un fin de semana aparecía como «experiencia en gestión de dependientes».
Su amiga Camila, que trabajaba en recursos humanos y tenía una paciencia desgastada por años de entrevistas absurdas, lo miró todo en silencio durante un minuto largo.
—Bernardo, aquí pone que hablas chino «con fluidez conversacional».
—Bueno, sé decir «ni hao» y pedir dim sum.
—Eso no es fluidez conversacional.
—Es una base sólida.
Camila se resignó a seguir leyendo. En la sección de habilidades encontró «liderazgo demostrado en entornos de alta presión», que, según Bernardo, hacía referencia a cuando organizó el torneo de pádel del edificio y tuvo que mediar entre dos vecinos que casi se pegaron por culpa del marcador.
—No creo que esto sea exactamente lo que buscan las empresas —dijo Camila, eligiendo sus palabras con cuidado.
—Las empresas buscan personalidad. Yo tengo personalidad de sobra.
—Eso sí es verdad —admitió ella, y no era del todo un cumplido.
La entrevista fue al día siguiente. Bernardo llegó diez minutos antes, con su traje azul marino, el pelo peinado con una seriedad que no era habitual en él y una confianza que, desde fuera, resultaba casi conmovedora. La entrevistadora, una mujer de voz tranquila que se llamaba Inés, le pidió que hablara de sus puntos fuertes.
Bernardo habló durante ocho minutos sin parar. Mencionó el torneo de pádel. Mencionó al perro. Intentó decir algo en chino y se equivocó.
—Ojalá hubiera repasado un poco más —pensó, aunque lo pensó demasiado tarde.
Al salir, le mandó un mensaje a Camila: «Ha ido genial. Creo que le he caído muy bien. »
Camila respondió con un emoji de corazón porque era lo más honesto que podía hacer.
Tres días después, Bernardo recibió un correo de rechazo muy amable. Lo leyó dos veces, frunció el ceño y escribió en su currículum, en la sección de experiencia: «Candidato finalista en proceso selectivo competitivo, 2026. »
Técnicamente, no era mentira.
Comprehension check
1¿Por qué Bernardo pensaba que su currículum era una obra maestra?
2¿Cómo reaccionó Bernardo tras recibir el correo de rechazo?
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