El asado de Rodrigo
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
Rodrigo era un hombre muy optimista. Tenía veintiocho años, vivía en Mendoza y siempre pensaba que podía hacer todo perfectamente. El problema era que nunca cocinó nada en su vida. Nada. Ni siquiera un huevo frito.
Un sábado, fue a la casa de los padres de su novia Valentina para conocerlos por primera vez. Era una casa grande con jardín, perfecta para un asado. Don Ernesto, el padre de Valentina, era famoso en todo el barrio por hacer el mejor asado de la ciudad.
—Yo me encargo del asado —dijo Rodrigo con mucha confianza.
Valentina lo miró con los ojos muy abiertos.
—¿Estás seguro? —preguntó ella en voz baja.
—Claro —respondió Rodrigo—. Es fácil. Solo es carne y fuego.
Al principio, todo parecía bien. Rodrigo puso la carne en la parrilla y esperó. Sin embargo, puso demasiado fuego porque quería terminar rápido. Por fuera, la carne estaba completamente negra. Por dentro, estaba completamente cruda.
Cuando llegó el momento de comer, Rodrigo sirvió la carne con una gran sonrisa. Don Ernesto la miró en silencio durante varios segundos. Después la cortó, la miró otra vez, y dijo solamente:
—Interesante.
En ese momento, el perro de la familia, un labrador enorme que se llamaba Tango, saltó sobre la mesa y se comió toda la carne de un golpe.
Hubo un silencio largo y terrible.
De repente, Don Ernesto se empezó a reír. Valentina también se rió. Rodrigo, completamente rojo de vergüenza, sacó su teléfono y pidió tres pizzas.
—La próxima vez —dijo Don Ernesto entre risas—, yo hago el asado.
—Sí, señor —respondió Rodrigo—. Definitivamente sí.
Comprehension check
1¿Por qué salió mal el asado de Rodrigo?
2¿Qué hizo el perro Tango?
3¿Qué comieron finalmente?
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