El consejo no pedido
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
Bernardo Salinas tenía una teoría sobre los problemas ajenos: todos tenían solución, y él casi siempre sabía cuál era. Por eso, cuando su amigo Félix llegó al bar un martes por la tarde con cara de haber dormido mal durante una semana, Bernardo se preparó para ayudar. Se inclinó hacia delante, cruzó los brazos sobre la mesa y adoptó la expresión concentrada de un médico a punto de dar un diagnóstico importante.
Félix llevaba seis meses saliendo con una mujer que se llamaba Rocío, y las cosas no iban bien. No se ponían de acuerdo en nada: ni en dónde vivir, ni en si tener perro, ni en qué película ver los viernes. Félix habló durante quince minutos seguidos, con la voz cansada de alguien que ha tenido la misma conversación demasiadas veces.
Bernardo escuchó. Bueno, escuchó los primeros cinco minutos. Después empezó a formular su respuesta.
—El problema —dijo cuando Félix terminó— es que no estáis comunicando lo que de verdad queréis. Para que una relación funcione, los dos tienen que hablar con total honestidad. Sin filtros. Sin rodeos.
Félix lo miró con una expresión difícil de descifrar.
—¿Tú cuánto tiempo llevas soltero?
—Eso no es relevante.
—Bernardo. Cuánto tiempo.
—Tres años —admitió Bernardo—. Pero precisamente por eso tengo perspectiva. Soy objetivo. No estoy dentro del problema.
—No creo que estar fuera del problema durante tres años sea exactamente una ventaja.... Bernardo ignoró esto con la elegancia de quien ignora algo porque no tiene una respuesta buena. Siguió hablando durante veinte minutos más. Le explicó a Félix cómo funcionaban las relaciones, qué errores había cometido y qué haría él en su lugar. Félix pedía otra caña de vez en cuando y asentía con la paciencia desgastada de alguien que sabe que esto tiene que terminar solo.
Cuando Bernardo por fin se calló, Félix dejó el vaso sobre la mesa y dijo:
—¿Sabes qué? Creo que voy a llamar a Rocío cuando llegue a casa.
—¡Exacto! —dijo Bernardo, genuinamente satisfecho—. Para que hablemos, para que nos entendamos. Eso es lo que te decía yo.
—Sí —dijo Félix—. Más o menos.
Lo que Félix no le dijo, porque habría sido cruel, era que ya había decidido llamar a Rocío antes de entrar al bar. Solo necesitaba que alguien hablara mucho y sin parar durante media hora para confirmar que su problema, comparado con otros, no era tan grande.
Bernardo, sin saberlo, había sido exactamente la ayuda que su amigo necesitaba. Simplemente no de la manera que él creía.
Comprehension check
1¿Cuál era el consejo principal de Bernardo para Félix?
2¿Por qué le sirvió a Félix la charla de Bernardo?
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