La dieta de enero
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
El primero de enero, Bernardo Salinas se miró al espejo con la expresión solemne de alguien que acaba de tomar una decisión histórica. Este año iba a ser diferente. Este año iba a cuidarse. Iba a comer bien, a hacer ejercicio, a acostarse antes de la medianoche y, en general, a convertirse en una versión de sí mismo que mereciera más respeto.... Hizo una lista. Compró verduras. Tiró —bueno, escondió en el fondo del armario— las patatas fritas que le quedaban de Nochevieja.
Durante cuatro días, Bernardo fue otra persona. Comía ensaladas con una expresión entre virtuosa y ligeramente trágica, bebía agua con limón por la mañana y le enviaba fotos de sus platos a Camila con el comentario: «El cambio ya ha empezado. »
Camila, que lo conocía desde hacía doce años, esperaba que todo saliera bien, aunque tenía sus dudas.
El quinto día, un miércoles gris y bullicioso, Bernardo pasó por delante de su pizzería favorita. Olía a queso fundido y a masa recién horneada. Se dijo que solo iba a mirar el menú del escaparate. Para que quedara claro que él tenía fuerza de voluntad.
Salió veinte minutos después con una caja grande y algo de mozzarella en la solapa.
—Ha sido un caso de fuerza mayor —le explicó a Camila por teléfono.
—¿Una pizza es un caso de fuerza mayor?
—Hacía mucho frío, Camila. El cuerpo necesita calorías cuando hace frío. Está comprobado científicamente.
—No creo que eso sea exactamente lo que dice la ciencia.
—La ciencia es más compleja de lo que parece.
Lo interesante era que Bernardo no se sentía fracasado. Tenía una habilidad extraordinaria para reinterpretar los hechos de manera que siempre quedara bien parado. La pizza no era una derrota: era una pausa estratégica. Iba a retomar la dieta el lunes. El lunes era un comienzo natural. Empezar en miércoles no tenía ninguna lógica.
El lunes llegó. Bernardo compró más verduras, tiró —escondió, otra vez— unas galletas y se miró al espejo con la misma expresión solemne del primero de enero.
Lo verdaderamente admirable de Bernardo no era su fuerza de voluntad. Era su capacidad infinita para volver a empezar con el mismo entusiasmo de la primera vez, como si el miércoles de la pizza no hubiera existido nunca.
Ojalá todos tuviéramos esa memoria tan selectiva.
Comprehension check
1¿Qué excusa usó Bernardo para comprar la pizza?
2¿Qué decidió hacer Bernardo el lunes siguiente?
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