El desastre en la cocina
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Lucía decidió que quería impresionar a sus amigas cocinando una cena especial. Su abuela le había dado una receta de lasaña casera y Lucía pensó que sería fácil.
—El plan es perfecto —le dijo a Elena por teléfono—. Venís a mi casa el sábado, cocino la lasaña de la abuela y cenamos juntas. Será una noche elegante.
—¿Tú? ¿Cocinando? —preguntó Elena, sorprendida. Lucía nunca cocinaba. Su cena habitual era un sándwich o comida para llevar.
—¡Puedo aprender! No puede ser tan difícil.
El sábado por la tarde, Lucía fue al supermercado. Compró los ingredientes de la lista de su abuela: carne picada, tomate, cebolla, ajo, pasta de lasaña, bechamel y queso.
Cuando llegó a casa, llamó a su abuela.
—Abuela, ¿cuánto tiempo tiene que estar en el horno?
—Cuarenta y cinco minutos a ciento ochenta grados. Pero vigílala, no la dejes sola.
Lucía empezó a cocinar. Cortó la cebolla y lloró. Intentó picar el ajo pero se cortó el dedo con el cuchillo. Nada grave, pero se asustó.
La carne tardó mucho en hacerse. Lucía se puso nerviosa porque Elena y Patricia iban a llegar a las nueve y ya eran las ocho. Subió el fuego para que la carne se hiciera más rápido. Mala idea: la carne se pegó a la sartén.
—¡No, no, no! —gritó Lucía.
Salvó lo que pudo de la carne y la mezcló con el tomate. Montó la lasaña capa por capa como su abuela le había explicado. La metió en el horno y puso el temporizador.
Entonces decidió ducharse rápido mientras esperaba. Error número dos: se olvidó de la lasaña.
Cuando salió de la ducha, olió algo raro. Corrió a la cocina. Había humo saliendo del horno. La lasaña estaba completamente negra por arriba. La alarma de incendios empezó a sonar.
En ese momento, Elena y Patricia llamaron al timbre. Lucía abrió la puerta en albornoz, con el pelo mojado y la cocina llena de humo.
—Bienvenidas a la cena elegante —dijo Lucía, y las tres empezaron a reírse.
Patricia abrió las ventanas mientras Elena apagó la alarma. Miraron la lasaña juntas. Estaba quemada por arriba y cruda por abajo.
—Es la peor lasaña de la historia —dijo Lucía, tapándose la cara con las manos.
—A ver, no está tan mal —dijo Elena, intentando probar un trozo. Lo escupió inmediatamente—. Vale. Sí está mal.
Las tres se rieron tanto que les dolía el estómago.
—Mi abuela me va a matar —dijo Lucía.
—Tu abuela no tiene por qué enterarse —dijo Patricia—. Pedimos pizza y problema resuelto.
Pidieron dos pizzas grandes y se sentaron en el sofá de Lucía. Comieron pizza, bebieron refrescos y se rieron del desastre toda la noche.
—Ha sido la mejor cena de mi vida —dijo Elena.
—La peor cocina, pero la mejor noche —añadió Patricia.
Lucía les mandó una foto de la lasaña quemada a su abuela con el mensaje: "He intentado tu receta, abuela. " Su abuela contestó: "La próxima vez, ven a mi casa y cocinamos juntas. "
—Creo que la cocina no es lo mío —dijo Lucía.
—Pero pasarlo bien juntas sí lo es —dijo Patricia.