El experto en todo
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
El problema con Aurelio Vega no era que no supiera nada. El problema era que creía saberlo todo. Desde cómo arreglar una tubería rota hasta cómo preparar el ceviche perfecto, Aurelio tenía una opinión firme, una anécdota relevante y una postura que no iba a cambiar por nada del mundo. Su familia lo llamaba, en voz baja y con mucho cariño, «el enciclopedia con piernas».
Ese domingo, la cocina de su hermana Pilar olía a ajo, a cilantro y a desastre inminente. Pilar había organizado un almuerzo familiar para presentar a su novio, Esteban, un hombre tranquilo de Guadalajara que coleccionaba cactus y hablaba poco. Ojalá hubiera llegado tarde, pensó Pilar después, pero Esteban llegó puntual y encontró a Aurelio ya instalado en la cocina, con un delantal puesto y una cuchara de madera en la mano.
—Este mole necesita más chocolate —declaró Aurelio, sin que nadie le hubiera preguntado nada.
—Es la receta de nuestra abuela —dijo Pilar desde la puerta, con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. La misma de siempre. La de toda la vida.
—Las recetas evolucionan, Pilar. No creo que la abuela tuviera acceso a cacao al setenta por ciento.
Esteban observaba la escena desde un rincón, con la expresión serena de alguien que ha sobrevivido muchas cosas y no tiene ganas de sobrevivir una más. Pilar le había dicho que su hermano era «entusiasta». Ahora entendía que eso era un eufemismo generoso.
Aurelio añadió el chocolate. Después añadió más. Después, con una confianza que rozaba lo filosófico, añadió un poco de canela «para equilibrar». El mole, que antes era oscuro y complejo, se convirtió en algo que olía vagamente a postre navideño.
Cuando llegaron los demás, la mesa ya estaba puesta y Aurelio estaba explicando la historia del mole con el tono de alguien que acaba de descubrirla.
—Para que entendáis el contexto —decía—, hay que remontarse al siglo dieciséis...
La abuela, que tenía ochenta y dos años y no se resignaba a guardar silencio, probó el mole, dejó la cuchara despacio sobre la mesa y miró a su nieto con una calma absoluta.
—Aurelio —dijo—, espero que algún día seas tan bueno cocinando como eres explicando.
Hubo un silencio breve y perfecto. Esteban, que no había dicho nada en toda la tarde, se sirvió más mole y comentó, sin levantar la vista del plato:
—Está muy interesante.
Pilar decidió en ese momento que Esteban era el hombre de su vida.
Aurelio, por su parte, interpretó los comentarios como elogios y ya estaba pensando en una versión mejorada para la próxima Navidad.
Comprehension check
1¿Qué hizo Aurelio con el mole de Pilar?
2¿Cómo reaccionó la abuela al probar el mole?
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