El ficus exigente
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
El balcón de Javier no era un balcón normal. Era un hospital para plantas que nadie quería. Su última adopción era un ficus enorme y deprimido que había encontrado al lado de un contenedor de basura. Tenía pocas hojas, y las que tenía, eran amarillas y tristes. Javier estaba seguro de que podía salvarlo. Se consideraba un psicólogo de plantas.... Javier no era una persona con una vida social muy activa. Sus viernes por la noche consistían en hablar con sus helechos y regar sus cactus con agua mineral, porque creía que el agua del grifo les daba estrés. Se ilusionaba con cada hoja nueva y se agobiaba cuando una flor se caía.
Una tarde, su vecina Clara, que era todo lo opuesto a Javier, tocó a su puerta. Clara era luminosa, ruidosa y no sabía cuidar ni de una flor de plástico.
—Hola, Javi —dijo Clara, mirando el salón verde—. Espero que no estés ocupado. Necesito un favor enorme.
Javier estaba limpiando las hojas del ficus con una esponja suave y leche, un truco que había leído en internet.
—No creo que pueda salir hoy, Clara —respondió Javier, muy serio—. El ficus está pasando por una crisis existencial. Le he cambiado la tierra, pero parece que todavía está enfadado conmigo por traerlo aquí.
Clara suspiró y entró al apartamento, apartando un potus muy largo que colgaba del techo.
—Javi, es una planta. No tiene emociones complejas. Ojalá yo tuviera tu imaginación —se rió Clara—. Escucha, me voy a la playa el fin de semana. Quiero que me cuides a "Señor Bigotes".
Javier pensó que "Señor Bigotes" era un gato o un perro. Él no sabía cuidar animales; le ponían nervioso. Las plantas no te miraban mal si llegabas tarde.
—¿Un animal? —Javier se alejó del ficus, alarmado—. No creo que sea una buena idea. Las plantas podrían ponerse celosas, y yo no tengo ni idea de qué come un Señor Bigotes.
—No es un gato, idiota —dijo Clara, sacando una pequeña maceta de su bolso—. Es este cactus. Lo compré hace una semana y se está poniendo marrón. Se llama Señor Bigotes porque tiene como unos pelitos blancos. Te lo dejo para que lo salves. Tú eres el experto.
Javier miró el pequeño cactus. Estaba muy seco y polvoriento. Lo tomó entre sus manos con cuidado, como si fuera una bomba pequeña.
—Clara, a este cactus le has dado demasiada agua. Se está pudriendo desde adentro. Le daré un lugar cerca de la ventana, pero no prometo milagros.
—¡Gracias, Javi! Sabía que podía contar contigo —dijo Clara, caminando hacia la puerta—. Cuando vuelva, espero que el Señor Bigotes esté feliz y verde.
Cuando Clara se fue, Javier puso el cactus al lado del ficus. El apartamento estaba en silencio de nuevo. Javier miró el pequeño cactus marrón y luego miró el ficus amarillo. De repente, sintió una gran responsabilidad. A veces, hacerse cargo de algo tan pequeño era suficiente para darle sentido a todo un fin de semana.
Comprehension check
1¿Por qué Javier no quería salir ese viernes?
2¿Quién era 'Señor Bigotes'?
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