El inventor del domingo
Enrique
Mexico
Melanie
Argentina
Arturo era un hombre de grandes ideas. Al menos, eso era lo que él creía. Era contador de lunes a viernes, pero los fines de semana se convertía en inventor. El problema era que sus inventos nunca solucionaban problemas reales. Su garaje, polvoriento y oscuro, estaba lleno de aparatos inútiles: un reloj que daba la hora en colores, una taza de café que nunca se enfriaba pero que pesaba tres kilos, y una máquina para pelar plátanos que había destruido más fruta de la que había pelado.
Su esposa, Elena, una mujer práctica y paciente, toleraba sus locuras. Ella sabía que Arturo necesitaba un escape de los números y las hojas de cálculo. Sin embargo, su paciencia tenía límites.
Una mañana de domingo, Arturo entró en la cocina con una sonrisa triunfal. Tenía algo escondido detrás de su espalda.
—Elena, prepárate para el futuro —anunció Arturo con voz profunda.
Elena, que estaba cortando cebollas para el almuerzo, suspiró sin mirarlo.
—No me digas que inventaste otra máquina para cortar cebollas, Arturo. La última vez casi pierdo un dedo.
—¡No, claro que no! —dijo él, ofendido—. Eso es cosa del pasado. Te presento: ¡El Despertador Motivacional!
Arturo puso un aparato extraño sobre la mesa. Parecía una caja de zapatos con un altavoz gigante y una pantalla pequeña que parpadeaba.
—¿Y eso para qué sirve exactamente? —preguntó ella, dudando.
—Espero que esto cambie nuestras mañanas —explicó Arturo, muy emocionado—. No te despierta con un ruido molesto. Te despierta con frases inspiradoras. Ayer grabé mi propia voz leyendo frases famosas.
Elena lo miró con los ojos muy abiertos.
—No creo que sea una buena idea, Arturo. A las seis de la mañana no quiero escuchar la voz de un filósofo. Y mucho menos si tiene tu voz.
—¡Ojalá tuvieras más visión, Elena! —protestó él—. Imagina despertar y escuchar: «El fracaso es solo la oportunidad de comenzar de nuevo». ¡Es brillante!
—Arturo, si escucho eso a las seis de la mañana, te prometo que el único fracaso será nuestro matrimonio.
Arturo se sintió un poco decepcionado, pero no se rindió. Quería que ella viera el valor de su invento.
—Bueno, lo probaré mañana por la mañana. Cuando lo escuches, entenderás.
A la mañana siguiente, a las seis en punto, un ruido ensordecedor llenó la habitación. No era una frase inspiradora. Era la voz de Arturo gritando: «¡El fracaso es solo la oportunidad de comenzar de nuevo, pero más inteligentemente! ». Y luego, una tos fuerte, porque a Arturo se le había secado la garganta al grabar.
Elena se levantó de un salto, con el corazón latiendo a mil por hora.
—¡Apaga esa cosa! —gritó ella.
Arturo, medio dormido y asustado por su propia voz, golpeó la máquina hasta que la rompió. El silencio volvió a la habitación.
—Tenías razón —murmuró Arturo, arrepintiéndose de todo.
—Lo sé —dijo Elena, volviendo a dormir—. Hazlo para que la próxima vez me escuches.
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1¿Qué era el 'Despertador Motivacional' de Arturo?
2¿Qué pasó cuando sonó el despertador a la mañana siguiente?
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