La verdad de las estrellas
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Coming Soon!A la mañana siguiente, Martín se despertó antes que sus padres y salió de la cama sin hacer ruido. Durante la noche había soñado con luces, planetas y perros que hablaban, así que por un momento no estuvo seguro de qué había sido real. Pero cuando llegó a la ventana y miró al jardín, vio la caseta, la manta y un brillo débil dentro. Entonces recordó todo de golpe y bajó corriendo a la cocina.
La criatura seguía allí. Parecía un poco mejor. Ya no estaba tan débil, y movía la cabeza con más atención cuando Martín se acercaba. Él se sentó en el suelo con una taza de leche y un pedazo de pan con mantequilla. La criatura observó el pan, pero no mostró mucho interés. En cambio, miró una cuchara de metal que estaba sobre una bandeja y alargó una pata muy fina hacia ella.
—¿Tienes hambre o te gusta la cuchara? —preguntó Martín.
En ese momento entró su madre, todavía con sueño. Llevaba una bata azul y el pelo recogido de cualquier manera. Se sentó junto a Martín y miró a la criatura en silencio. Después de unos segundos, la cuchara empezó a moverse sola sobre la bandeja. Primero vibró un poco. Luego giró lentamente y cayó al suelo.
La madre de Martín cerró los ojos.
—Bueno —dijo—. Esto ya se está complicando.
El padre apareció un minuto después. Cuando oyó la historia de la cuchara, dijo que seguramente había una explicación lógica. Pero justo entonces la criatura miró el grifo del fregadero, y una gota de agua salió hacia arriba en lugar de caer. El padre de Martín se quedó callado.
—Retiro lo de lógica —admitió.
Después del desayuno, los tres se sentaron en la mesa de la cocina para decidir qué hacer. Martín quería contarle todo a su mejor amigo, Nico, porque Nico siempre creía en monstruos, misterios y tesoros enterrados. Su madre dijo que eso sería una mala idea. Su padre estuvo de acuerdo por primera vez en toda la mañana. Pensaban que, si la gente del pueblo veía a la criatura, habría problemas. Algunos tendrían miedo. Otros querrían grabarlo todo con el teléfono. Y seguro que alguien llamaría a la televisión local.
—De momento, nadie dice nada —dijo la madre.
—Pero necesita ayuda —respondió Martín.
—Sí —dijo ella—. Y primero tenemos que entender qué es.
El problema era que no sabían cómo hacerlo. Ya habían buscado en un viejo libro de animales que estaba en la estantería del salón, pero evidentemente eso no había servido de mucho. También habían pensado en llamar a un veterinario, pero el padre de Martín dijo que esa persona probablemente se desmayaría primero y preguntaría después. A Martín no le parecía imposible.
Cerca del mediodía, la criatura salió por fin de la caseta y caminó despacio por el jardín. Seguía siendo pequeña y delgada, pero parecía tener más fuerza. Martín notó que la línea de luz de su espalda brillaba cada vez que levantaba la cabeza hacia el cielo. Entonces recordó algo. La noche anterior, la figura luminosa había mostrado estrellas.
—Quizá estaba intentando decirnos algo —dijo.
Su madre lo miró con atención.
—Yo pensé lo mismo.
—¿Que quiere volver a casa? —preguntó Martín.
Nadie respondió enseguida, pero los tres sabían que esa idea tenía sentido. Mientras estaban allí, la criatura se acercó a una parte del jardín donde la hierba era más alta. Debajo del árbol había un grupo de piedras y tierra removida. Martín nunca le había prestado mucha atención, pero ahora vio algo metálico entre las plantas.
—Allí hay algo —dijo.
Corrió hacia el lugar. Sus padres fueron detrás. Entre la hierba encontraron un objeto redondo, del tamaño de una mochila pequeña, medio escondido en un agujero poco profundo. La superficie era lisa, gris y fría. No tenía ruedas, ni botones normales, ni nada que pareciera hecho en una fábrica conocida. En un lado había una grieta fina, como si el objeto hubiera caído con fuerza.
—Esto no estaba aquí antes —dijo el padre.
—Seguro que no —respondió la madre.
La criatura se acercó al objeto y apoyó una pata sobre la superficie. En ese momento aparecieron pequeñas luces azules alrededor de la grieta. Martín dio un paso atrás. Su corazón iba muy rápido, pero no de miedo exactamente. Era otra cosa. Era la sensación de estar viendo algo imposible y entenderlo poco a poco.
—Es suyo —susurró.
—Sí —dijo su madre—. Y creo que ya sabemos bastante.
El padre respiró hondo.
—Entonces lo diremos claramente: no es un animal raro. No es una mascota extraña. No se escapó de ninguna granja. Esta criatura es... un alien.
Martín sintió un escalofrío. Había pensado esa palabra, pero oírla en voz alta era diferente. Miró al pequeño ser gris azulado, que en ese momento los observaba con sus grandes ojos oscuros. No parecía un monstruo. No parecía peligroso. Solo parecía lejos de casa.
—Pobrecito —dijo Martín otra vez.
Su padre no corrigió esa palabra esta vez.
Pasaron la tarde intentando ayudar. Limpiaron con cuidado la tierra del objeto redondo. La madre de Martín trajo herramientas pequeñas, aunque no sirvieron de mucho porque la superficie no se abría con nada normal. Martín se estaba sintiendo inútil cuando la criatura se acercó a él y le tocó la mano con mucha suavidad. Después miró el bolsillo de su pantalón.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
Sacó lo que tenía dentro: una canica de metal, dos clips y una pila pequeña que había guardado por error después de desmontar un coche de juguete. La criatura señaló la pila. Martín se la dio. El pequeño ser la colocó sobre la grieta del objeto, y las luces azules se encendieron con más fuerza.
—¡Claro! —gritó Martín—. ¡Necesitaba energía!
El padre lo miró, sorprendido.
—Eso fue una buena idea.
—No fue idea mía. Fue suya.
Durante unos segundos no pasó nada más. Luego el objeto hizo un sonido bajo, como un motor muy lejano, y la grieta empezó a abrirse. Dentro había una luz blanca y suave. La criatura se volvió hacia la familia. Martín tuvo la impresión de que quería darles las gracias, aunque no decía palabras.
—¿Ahora se va? —preguntó él, triste.
La madre puso una mano sobre su hombro.
—Tal vez debería irse.
La criatura dio un pequeño salto, entró en el objeto y desapareció en la luz. El aparato vibró, subió unos centímetros en el aire y luego salió hacia el cielo con una velocidad increíble. En pocos segundos solo quedó un punto brillante entre las nubes, y después nada.
Martín se quedó mirando arriba mucho tiempo. Había querido guardar el secreto, estudiar a la criatura y quizá enseñársela a Nico cuando todo estuviera más tranquilo. Pero en el fondo sabía que aquello no habría sido justo. Si él estuviera perdido en otro mundo, también querría volver a casa.
Esa noche cenaron en silencio durante un rato. Luego el padre de Martín carraspeó y miró a los otros dos.
—Nadie va a creer esta historia.
—Mejor —dijo la madre.
Martín sonrió un poco. Ya habían recogido la manta y habían dejado el jardín casi como siempre, pero para él nada era igual. Antes le gustaba mirar las estrellas porque parecían bonitas y lejanas. Ahora las miraba de otra manera. Pensaba que allá arriba, en algún sitio, una criatura pequeña y gris azulada quizá estaba viva, quizá estaba a salva y quizá recordaba a la familia que la había ayudado.
Y eso le parecía una idea enorme para un niño tan pequeño y para un jardín tan normal.
Comprehension check
1¿Dónde se despierta Martín y qué ve al mirar por la ventana?
2¿Qué hace el padre de Martín cuando ve la gota de agua que sube en lugar de caer?
3¿Qué encuentran Martín y sus padres entre la hierba del jardín?
4¿Cómo cambia la opinión de Martín sobre las estrellas al final de la historia?
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