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B1 - Intermediate subjunctive conditional past tense (preterite) past tense (imperfect) family emotions health

Malas noticias

M
1083 words · Key vocabulary
hospital diagnóstico operar cancelar frustración impotencia distancia apoyo llorar silencio

La llamada llegó un jueves a las tres de la mañana. El teléfono de Tomás sonó en la oscuridad de su cuarto en Buenos Aires. Era su hermana, Laura, desde Córdoba.

—Tomás, papá está en el hospital.

Se le heló la sangre.

—¿Qué pasó?

—Se desmayó en la panadería. Lo encontró Don Héctor cuando fue a comprar el pan de la mañana. Lo llevaron al hospital Fernández. Están haciéndole estudios.

Tomás se vistió en cinco minutos y tomó un taxi al hospital. Su padre estaba en una cama de urgencias, conectado a monitores, con los ojos cerrados y la cara gris. Parecía más viejo de lo que Tomás lo recordaba. O quizás siempre lo había parecido y Tomás no quería verlo.

—Papá.

Su padre abrió los ojos.

—No es nada. Un mareo. Mañana vuelvo a la panadería.

—Papá, estás en el hospital. No es un mareo.

El médico les explicó el diagnóstico: un problema cardíaco que requería una operación. No era urgente pero tampoco podía esperar mucho. Su padre tendría que dejar de trabajar durante al menos dos meses después de la operación.

—¿Dos meses sin la panadería? —dijo su padre—. Imposible.

—Papá, tu salud es más importante que la panadería.

—La panadería soy yo, Tomás. Si cierro dos meses, los clientes se van a otra parte. Treinta años de trabajo, tirados a la basura.

Tomás sintió el peso de todo lo no dicho entre ellos caer sobre sus hombros. La beca en São Paulo empezaba en cuatro meses. Si se quedaba para cuidar a su padre y mantener la panadería abierta, perdería la beca. Si se iba, dejaba a su padre solo y enfermo.

Esa noche, desde la sala de espera del hospital, llamó a Daniela. Eran las dos de la mañana en Buenos Aires, la medianoche en México. Daniela contestó al segundo tono.

—Tomás, ¿qué pasa? Nunca me llamas a esta hora.

Le contó todo. Su voz se quebró varias veces. Daniela lo escuchó sin interrumpir.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó cuando terminó.

—No lo sé. Si me quedo, pierdo la beca. Si me voy, lo abandono.

—Tomás, escúchame. No tienes que decidir nada esta noche. Tu padre va a operarse y va a estar bien. Después pensarás en el resto.

—¿Y si no está bien?

—Entonces estarás ahí. Pero no te adelantes al dolor. Una cosa a la vez.

Tomás se quedó un momento en silencio, sosteniendo el teléfono contra la oreja, escuchando la respiración de Daniela al otro lado.

—Ojalá estuvieras aquí —dijo.

—Estoy aquí. No de la forma que te gustaría, pero estoy.

Al mismo tiempo, Daniela tenía sus propios problemas. La exposición individual en la galería de la Condesa, la que llevaba meses preparando, fue cancelada. La galería tenía problemas económicos y cerró de un día para otro. Daniela se quedó con quince cuadros terminados y ningún lugar donde mostrarlos.

No se lo dijo a Tomás esa noche. No quería sumar su frustración a la preocupación de él. Pero una semana después, cuando ya habían operado a su padre y la situación era estable, Tomás lo notó.

—¿Qué te pasa? Llevas dos videollamadas rara.

—No es nada.

—Daniela.

Ella respiró hondo.

—La galería cerró. Se canceló mi exposición.

—¿Qué? ¿Y no me lo dijiste?

—Tenías lo de tu padre. No quería...

—Daniela, así no funciona esto. Yo te cuento mis cosas y tú me cuentas las tuyas. No me protejas de tus problemas. No necesito protección, necesito que confíes en mí.

Daniela se quedó callada un momento. Después empezó a hablar de verdad: de la frustración, de la impotencia, de las noches en las que se preguntaba si había tomado la decisión correcta al dejar su trabajo. De los días en los que miraba sus cuadros y no sabía si eran buenos o si se estaba engañando a sí misma.

—¿Sabes lo que más duele? —dijo—. No es que la galería haya cerrado. Es que por un momento pensé: "Quizás el universo me está diciendo que el arte no es para mí. "

—El universo no dice nada, Daniela. Las galerías cierran. Los padres se enferman. Las cosas salen mal. Eso no significa nada sobre quiénes somos o qué merecemos.

—¿Desde cuándo eres tan sabio?

—Desde que paso las noches en un hospital con mucho tiempo para pensar.

Los dos se rieron, con esa risa que sale cuando las cosas están difíciles pero al menos no estás solo.

Las semanas siguientes fueron duras para ambos. Tomás cuidaba a su padre durante el día y mantenía la panadería abierta por las mañanas. Se levantaba a las cuatro para hacer el pan. A las ocho cerraba, iba al hospital, se quedaba hasta la noche. Dormía cuatro horas y volvía a empezar.

Un día, mientras amasaba pan en la madrugada, su padre apareció en la puerta de la panadería. Estaba en pijama y zapatillas. Se había escapado del hospital.

—Papá, ¿qué hacés acá? Tenés que estar en el hospital.

—Quiero verte trabajar.

Su padre se sentó en un banquito y lo miró amasar en silencio. Después de un rato, dijo:

—Tenés buenas manos, Tomás. Las mismas que tu abuelo.

—Papá...

—Dejame terminar. Tenés buenas manos, pero tus manos no son para el pan. Son para lo que vos quieras que sean. Mandá la solicitud a Brasil. Yo voy a estar bien.

Tomás dejó de amasar. Tenía las manos llenas de harina y los ojos llenos de lágrimas.

—No te estoy echando —dijo su padre—. Te estoy soltando. Que es diferente.

En México, Daniela encontró una solución para su exposición. Si no podía mostrar los cuadros en una galería, los mostraría en otro sitio. Colgó sus quince cuadros en el departamento de su amiga Sofía, que tenía un loft grande en la colonia Juárez. Mandó invitaciones por redes sociales: "Exposición clandestina. Una noche. Quince cuadros. El arte no necesita paredes oficiales. "

Vinieron cuarenta personas. Vendió cinco cuadros. Una periodista cultural que estaba entre los invitados escribió un artículo con el título: "Daniela Rojas: el arte que no espera permiso. "

Esa noche, Daniela le mandó un mensaje a Tomás: "Vendí cinco cuadros. En el departamento de mi amiga. Sin galería. Sin permiso. Solo arte y personas. "

Tomás le contestó desde la panadería, a las cuatro de la mañana, con las manos llenas de harina: "Mi padre me dijo que me vaya a Brasil. Creo que es su forma de decirme que me quiere. "

Daniela respondió: "Los padres a veces necesitan tiempo para entender que dejarnos ir es la forma más grande de querernos. "